Geolocalizando el tema
Hemos pensado hasta ahora (bloque 1) las organizaciones educativas desde diferentes ángulos: primero, su evolución histórica (lección 1); después, desde teorías críticas que cuestionan la propia institución escolar (lección 2); y finalmente, desde alguno de los desafíos contemporáneos que están transformando la educación, como la revolución digital.
Es el momento ahora (bloque 2) de bajar el balón al suelo. Pasar de las grandes ideas a la realidad concreta. Y eso implica mirar más de cerca una organización educativa real: cómo funciona, quiénes la conforman, qué decisiones orientan su actividad y qué fuerzas externas la condicionan.
Podríamos haber elegido una empresa y sus procesos de formación laboral, un Centro de Atención Temprana y sus programas para atender las necesidades de aprendizaje, una casa de la cultura, un centro de formación de adultos, o una editorial enfocada en materiales educativos. Sin embargo, he elegido el centro escolar. Y la razón es sencilla: cuando pensamos en "educación" y cuando ustedes piensan en su futuro laboral, seguramente que en su imaginario está presente una escuela.
De hecho, lo que Tyack y Cuban (1995) llaman "la gramática de la escuela", sus prácticas institucionalizas, la manera en que una escuela se organiza y funciona (sus horarios, aulas, división por edades, exámenes, etc.), hace de la escuela una de las organizaciones más estables y sólidas en el oleaje de un mundo contemporáneo en plena agitación, incertidumbre y cambio, un mundo "líquido", como decía Bauman:
"Reforms come and go, but the basic institucional patterns of schooling endure" (Tyack & Cuban, 1995)
La LOMLOE
Pues bien, para conocer la realidad de un centro escolar en España, el primer paso es familiarizarnos con la ley que regula su funcionamiento. Porque las escuelas, especialmente las públicas (pero también las privadas) no son organizaciones esencialmente autónomas: están profundamente condicionadas por decisiones políticas y normativas que definen qué se enseña, cómo se enseña, cómo se evalúa y qué objetivos debe perseguir el sistema educativo.
Actualmente, el sistema escolar está regido por la LOMLOE o Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación, impulsada por una coalición de partidos liderada por el PSOE. Se publicó el 29 de diciembre de 2020, pero empezó a aplicarse en los centros, y de forma escalonada, en el curso 2022-2023.
Aquí la Ley enterita, de cabo a rabo, accesible en diferentes formatos digitales (PDF, EPUB, etc.), y un consejo: en (casi) toda ley educativa lo más sustancial está en el Preámbulo. Quien quiera profundizar en ella ahí tiene la madre del cordero.
No es fácil explicar todas las directrices, todas las implicaciones, todas las discusiones que surgen en torno a cualquier ley educativa y, concretamente, en torno a esta. El atajo que tomo es el de seleccionar lo que considero que son aspectos claves que nos van a permitir, como pedagogos/as, entender qué tipo de organización y prácticas educativas pretende impulsar esta ley, al menos de acuerdo a su texto (otro asunto son los recursos o apoyo que reciban los centros y la motivación, tiempo y entendimiento que tengas sus agentes educativos para llevarla a cabo).
¿Qué habría que enseñar/aprender, según la ley? Es decir, ¿qué currículum propone?
La palabra clave (¿tal vez un poco trillada, manoseada de tanto nombrarla?) es "competencia".
La idea básica es sencilla: los contenidos de cada asignatura no deberían quedarse en información que el estudiante memoriza y repite en un examen. En el lenguaje de la LOMLOE, esos contenidos se convierten en "saberes básicos" que los estudiantes deberían ser capaces de poner en práctica, aplicar, movilizar para interpretar el mundo o resolver problemas. Aplicar a una "situación de aprendizaje" (una actividad que el profesor pone en marcha).
Dicho de otra manera... la "teoría", los contenidos de las clases, no sólo sirven para "saber", sino para "saber hacer". Una competencia es precisamente eso: no lo que un estudiante sabe sino lo que sabe hacer con lo que sabe. Ser "competente" en algo es "ser capaz de hacer" algo, en una situación concreta. Por eso, la competencia se expresa en actuación, en conducta observable. E integra múltiples saberes (algunos técnicos, otros culturales, lingüísticos, socioemocionales, etc.). Ese es, al menos, el espíritu pedagógico del término en esta ley.
No es algo nuevo. Desde principios de los años 2000, el sistema educativo europeo ya venía trabajando el currículum con ese concepto de "competencia". La principal novedad de la LOMLOE consiste en rechazar la idea de que los contenidos de cada asignatura se enseñen como un conocimiento técnico, aislado, sino como saberes que permiten actuar, pensar y resolver problemas en contextos reales. ¿Qué capacidades debería haber desarrollado un estudiante al finalizar cada etapa educativa? La LOMLOE define un "perfil de salida" de cada etapa. Y ese perfil está integrado por un conjunto de competencias clave, que son comunes a todas las etapas educativas del sistema escolar, aunque en cada etapa tienen un alcance y definición específica diferente.
En concreto, la LOMLOE establece 8 Competencias clave:
- Comp. comunicativa lingüística: Capacidad para comprender, expresarse e interactuar en diferentes situaciones comunicativas, tanto de forma oral como escrita. Pero no se trata solo de dominar reglas gramaticales o leer con agilidad. Implica usar el lenguaje como herramienta fundamental para aprender, comunicarse, entender el mundo. Quien desarrolla esta competencia, por ejemplo, sabe explicar un experimento, defender una idea en un debate o escribir un texto argumentativo con claridad.
- Comp. plurilingüe: Esta competencia amplía la anterior hacia el uso de diferentes lenguas y la comprensión de otras culturas. La competencia plurilingüe va más allá de un solo idioma y abarca la capacidad de interactuar en diferentes lenguas. No se trata simplemente de acumular vocabulario o saberes gramaticales en varios idiomas, sino de saber utilizar estrategias para comunicarse en un mundo cada vez más multilingüe y global. Esta competencia también promueve la conciencia intercultural, ayudando a los estudiantes a apreciar la diversidad lingüística y cultural del mundo.
- Comp. STEM (Matemática, Tecnológica, de Ingeniería y Ciencia). Capacidad de aplicar el razonamiento matemático y el método científico para resolver problemas en la vida cotidiana y en el ámbito profesional. La competencia matemática no se limita a realizar cálculos o memorizar fórmulas. Implica interpretar datos, analizar situaciones, formular hipótesis y resolver problemas utilizando herramientas matemáticas y científicas. Por su parte, la competencia en ciencia, tecnología e ingeniería fomenta la curiosidad por el mundo natural y el uso del método científico para resolver problemas cotidianos, como comprender el funcionamiento de un algoritmo de IA o mejorar la eficiencia energética de una vivienda.
- Comp. emprendedora: El espíritu emprendedor no se limita a crear empresas; implica la capacidad de transformar ideas en acciones y gestionar esas iniciativas, en colaboración con otros. Esta competencia está estrechamente ligada a la creatividad, la resolución de problemas y la iniciativa personal. Un estudiante con mentalidad emprendedora no se desanima ante los desafíos, sino que los ve como oportunidades de aprendizaje. Sabe organizarse, trabajar en equipo y tomar decisiones en situaciones de incertidumbre.
- Comp. digital: No se trata solo de saber manejar dispositivos electrónicos, sino de comprender cómo funcionan las herramientas digitales y de usarlas de manera responsable. Esto incluye la capacidad de buscar y evaluar información en Internet, proteger nuestros datos personales y comunicarnos eficazmente en entornos virtuales.
- Comp. de conciencia y expresión culturales: La cultura no es solo un conjunto de obras del pasado; es también una forma de interpretar el mundo y de expresar ideas, emociones e identidades. Quien desarrolla esta competencia puede analizar una obra artística, reconocer el valor del patrimonio cultural o expresar su creatividad a través de distintos lenguajes artísticos.
- Comp. ciudadana: Ser un buen ciudadano va más allá de conocer las leyes; implica actuar de manera ética y responsable dentro de la sociedad. La competencia ciudadana se basa en comprender nuestros derechos y deberes, participar en la vida democrática y contribuir a la justicia social. Para ello, es importante analizar problemas sociales, debatirlos con otros de forma respetuosa y tomar decisiones informadas. Fomenta valores como la igualdad, la sostenibilidad y el respeto por la diversidad, preparando a los estudiantes para ser ciudadanos comprometidos con su comunidad.
- Comp. personal, social y de aprender a aprender: El aprendizaje no termina en la escuela, y esta competencia prepara para afrontar desafíos a lo largo de la vida. Aprender a aprender significa ser conscientes de nuestras propias estrategias de aprendizaje, saber identificar dificultades y buscar soluciones. Pero también implica habilidades personales y sociales, como la gestión de conflictos, la resiliencia ante las decepciones y la capacidad de trabajar en equipo. Esta competencia es clave no solo para mejorar el rendimiento escolar, sino para adaptarse mejor a los cambios del mundo.
¿Cómo habría que enseñar? Metodologías activas de aprendizaje
- La gamificación, por ejemplo, utiliza elementos propios de los juegos (desafíos, recompensas, niveles, narrativas) para generar motivación y compromiso con el aprendizaje. Lejos de ser una simple estrategia lúdica, la gamificación bien aplicada transforma la experiencia educativa, fomentando el esfuerzo, la autonomía y la resiliencia ante los errores.
- Por otro lado, el Flipped Learning o aula invertida cambia la dinámica tradicional del aula al trasladar la exposición teórica fuera del horario escolar (a través de vídeos, lecturas o podcasts) y reservar el tiempo en clase para actividades prácticas, resolución de dudas y trabajo colaborativo.
Ejemplos de didáctica "LOMLOE" en Educación Primaria
- Competencia en comunicación lingüística
- Competencia plurilingüe
- Competencia matemática, científica y tecnológica (STEM)
- Competencia emprendedora
- Competencia digital
- Competencia en conciencia y expresión culturales
- Competencia ciudadana
- Competencia personal, social y de aprender a aprender
Creo que la actual ley educativa LOMLOE tiene muchas fortalezas. Entre ellas, me gustaría destacar dos competencias: Competencia emprendedora y Competencia personal, social y de aprender a aprender.
ResponderEliminarAl igual que vimos en el bloque anterior aprender no es solo almacenar información. A su vez, esta información no es estática sino que cambia constantemente, con el paso del tiempo aparecen nuevos contenidos, otros aumentan y otros se vuelven obsoletos y desaparecen. Es por ello que considero importante que los alumnos al terminar su etapa escolar no solo hayan adquirido los contenidos establecidos en el currículo sino que a su vez sean capaces de no desanimarse ante los desafíos que se les plantearán y de seguir aprendiendo a lo largo de su vida de forma autónoma en función de las necesidades que se les presenten.
La escuela no debe formar a los trabajadores del futuro, como docente no sabes a qué se van a dedicar tus alumnos, es por ello que debes darles no solo todos esos conocimientos valiosos sino también esa capacidad de afrontar los retos buscando soluciones e ir adquiriendo nuevos conocimientos en función de las necesidades del momento.
Natalia! estoy muy de acuerdo con la frase que dices sobre "nos solo todos esos conocimientos valiosos sino también esa capacidad de afrontar". Porque por una parte creo que los conocimientos, aprender a memorizar algunas cosas, o incluso aquellas cosas que parecen inútiles, son muy valiosos ya que nos permiten establecer estas bases para aprender. Sin embargo, cada vez que me informo más sobre las competencias las veo también fundamentales. Leer todas estas propuestas para aplicarlas, me hacen ver lo valiosisimas que son todas estas propuestas.
EliminarPor eso yo creo que la clave está en el equilibrio. Porque el hecho de que suponga más carga o una formación diferente a los maestros no debería ser el problema, ya que nosotros queremos lo mejor para los alumnos y se deberían dar las herramientas necesarias. Sin embargo, ¿Cómo podemos llegar a ese equilibrio entre contenidos y competencias? porque el tiempo en la escuela no es infinito... No sé, está es mi preocupación...
Hola, Natalia. Es muy fino tu comentario. Hay un autor que me gusta mucho, Ken Robinson, que argumenta que el gran mito del sistema escolar es afirmar que prepara a los alumnos para la sociedad del futuro... cuando la única certidumbre que tenemos es que no tenemos la menor idea de cómo va a evolucionar el mundo siquiera en los próximos 3 años (como para garantizar que un alumno de Primaria está siendo preparado para el mundo que vivirá al salir del colegio, una década más tarde!). Por eso, hay autores como Alvin Toefler o Juan Freire que argumentan que lo mejor que podemos aprender hoy en día es enseñar, precisamente, a aprender, a desaprender constantemente, a reaprender. Bob Johansen habla, de hecho, de habilidades para enfrentar un entorno VUCA (Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad). ¿Cuál es el problema? Muchos. Uno, es que esta capacidad de adaptación constante es percibida como que "no se está aprendiendo nada". Y en parte tiene razón ese argumento... no se aprende nada sólido, constante. Otro problema es que el ADN de un centro escolar es la transmisión de un programa de contenidos... y esta (no tan) nueva filosofía pedagógica del "emprendimiento" y de las habilidades de meta-aprendizaje, parecen colisionar con las rutinas y concepciones esenciales de un colegio. ¡Qué dilema, verdad? Por eso, la voz de los pedagogos, nuestra capacidad para ofrecer respuestas inteligentes, informadas, audaces, en la tiniebla de estas crisis, me parece más valiosa hoy en día que nunca.
EliminarBea... me encanta tu mirada pragmática... el tiempo no es infinito. Ni el de los docentes ni el del alumnado y sus familias. "Sumar" a la docencia de los contenidos la docencia de las competencias, sin una articulación eficaz, es condenarnos a todos a detestar la experiencia misma de aprender, exhaustos. Te cuento una anécdota. Antes de venir a la Complu estaba haciendo un posdoctorado en la Universidad de Lleida. Trabajé en un proyecto, ViaCocrea, que ofrecía una metodología para trabajar la creatividad de forma colaborativa, a través de proyectos. Cuando algunos profesores de secundaria aplicaron en sus asignaturas las técnicas de ViaCocrea nos comentaron que les gustó mucho la metodología y que en verdad había funcionado muy bien, que había mejorado la motivación de sus alumnos y que habían aprendido a trabajar mejor en equipo y a pensar de forma más original. PERO.... que llevaba mucho tiempo! Y no podían dar el temario completo, si ponían en marcha esos proyectos. Moraleja: ¿Vale la pena aprender a colaborar mejor, a ser más creativos, si a cambio se aprenden menos contenidos del temario? ¿Es posible encontrar un mejor equilibrio entre ambas necesidades formativas? ¿Cómo? Tu preocupación es la preocupación que muchos compartimos. La mejor estrategia, para mí, es la ciencia pedagógica: somos, entre otros, los pedagogos, los que debemos explorar prácticas pedagógicas que afronten ese dilema, investigarlas, discutirlas, y divulgar las que mejor funcionen.
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