Hay clases que se compren. Y hay clases que se viven. Hay clases que no se olvidan. No transmiten contenidos: remueven, interpelan, descolocan. El conversatorio que hemos vivido con dos educadoras sociales de la Fundación Amigó, junto a tres jóvenes que han vivido en primera persona el tránsito desde el sistema de protección a la vida autónoma, ha sido, sin duda, una de ellas.
No ha sido una clase “sobre” pedagogía social. Ha sido, más bien, una experiencia de pedagogía social.
Y esa realidad (como reflejan vuestras palabras en el cuestionario) no dejó indiferente a nadie. Uno de los elementos más interesantes de la sesión no fue solo lo que se dijo, sino lo que permitió decir. El aula cambió de tono. Se volvió más atenta, más humana, más vulnerable:
“Me ha hecho replantearme muchas ideas que tenía sin haberlas cuestionado nunca.”
“No esperaba que me afectara tanto escuchar sus historias en primera persona.”
La pedagogía social: del "currículum" a la persona
En la asignatura solemos hablar de instituciones educativas, de organización, de programas. Pero el conversatorio nos ha situado frente a una realidad que tensiona esas categorías: la intervención educativa en contextos de vulnerabilidad, incertidumbre y urgencia vital.
Las educadoras (a quienes llamaremos N. y M.) describieron su trabajo no como una aplicación de técnicas, sino como una práctica profundamente relacional: acompañar procesos de vida, sostener decisiones difíciles, generar confianza donde antes hubo desconfianza institucional, y, sobre todo, estar. Estar ahí, para resolver problemas, ayudar con trámites, asesorar la compra del súper, motivar y monitorean el cuidado de la casa y de la salud.
Este no es solo un programa social sino un dispositivo de transición entre dos mundos: el de la tutela institucional y el de la autonomía personal. En ese umbral, la educación adopta una forma distinta: menos curricular, más biográfica; menos normativa, más ética.
Los testimonios de los tres jóvenes (pongamos, por ejemplo: A., M. y Y.) han sido, probablemente, el núcleo más potente de la sesión. En sus relatos apareció una idea clave que conecta directamente con la teoría de la organización educativa: La autonomía no se decreta; se construye acompañadamente. Lejos de una visión simplista de la “emancipación” como un momento puntual (cumplir 18 años, salir del sistema), lo que emergió fue un proceso largo, frágil y desigual, en el que intervienen múltiples factores: acceso a vivienda, inserción laboral, red social, gestión emocional y relación con las instituciones, entre otros.
Desde el punto de vista pedagógico, esto nos obliga a repensar el concepto mismo de “currículum" o programa educativo. ¿Dónde empieza y dónde termina? ¿Qué indicadores de éxito tiene? ¿Cómo se evalúa algo tan complejo como “sostener una vida”?
Lo que aprendimos (según las voces de los estudiantes capturadas en el cuestionario)
Tres grandes aprendizajes:
a) Desmontar prejuicios
Muchos estudiantes reconocen haber llegado con una imagen previa (a menudo simplificada, sesgada) sobre los jóvenes extutelados, especialmente en relación con los discursos mediáticos sobre los llamados “menas”. Tras la sesión, esa mirada se complejiza: se reconocen trayectorias diversas, se identifican obstáculos estructurales, y se visibiliza la dimensión humana detrás de las etiquetas.
En términos educativos, esto conecta directamente con la función crítica de la pedagogía: desnaturalizar discursos sociales dominantes. O como diría Ivan Illich, "desescolarizar" nuestra visión del mundo. Aquellos que han vivido una trayectoria diferente, no típicamente escolar, no son menos ni más. Ni siquiera son, esencialmente diferentes. Todos deseamos, como decía M., "conexión" con los otros, con el mundo.
"Tenía una visión muy condicionada por lo que se dice en los medios sobre los ‘menas’, y ahora la veo completamente diferente."
"Te das cuenta de que detrás de la etiqueta hay historias muy complejas que no conocíamos".
Desde la perspectiva de la asignatura, esto es clave. Porque una organización educativa no trabaja con categorías abstractas, sino con vidas concretas. La pedagogía social, en este sentido, actúa como un dispositivo de desvelamiento: nos obliga a mirar con atención donde antes simplificábamos.
b) El valor del acompañamiento
Otro eje recurrente es la toma de conciencia sobre la importancia del vínculo educativo. No se trata solo de “ofrecer recursos”, sino de construir relaciones de confianza que permitan a los jóvenes tomar decisiones, equivocarse y volver a intentar. Aquí aparece con fuerza una idea que hemos trabajado en clase: la organización educativa no es solo estructura; es también cultura relacional, es decir, es un sistema de relaciones y significados compartidos. Es conexión, es vínculo.
Este programa funciona porque hay profesionales que sostienen esa cultura. No funciona solo por el diseño de las acciones de apoyo que ofrece, sino fundamentalmente por la calidad de los vínculos que sostiene.
"No se trata solo de dar recursos, sino de estar ahí, de acompañar de verdad.”
"Me ha sorprendido la importancia de la relación personal en todo el proceso.".
c) La dimensión emocional de la intervención educativa
Varios estudiantes destacan el impacto emocional de escuchar los testimonios: la incertidumbre, el miedo, la soledad, pero también la resiliencia y la autonomía.
Esto conecta con uno de los desafíos contemporáneos de las instituciones educativas: integrar la dimensión emocional sin caer en el asistencialismo ni perder el rigor profesional.
Y ahí hay una encrucijada. Los testimonios de A., M. y Y. nos situaron frente a una tensión difícil de simplificar: la emancipación como posibilidad… y como riesgo. Las respuestas en el cuestionario reflejan esa ambivalencia. Desde un punto de vista pedagógico, esto es especialmente relevante porque rompe con dos simplificaciones habituales: de un lado, la visión victimista (que anula la agencia) y, por otro, la visión meritocrática simplista (que invisibiliza las condiciones estructurales).
La realidad, como hemos visto, es más compleja: la autonomía se construye en la intersección entre apoyo y esfuerzo personal.
"Me ha impactado lo difícil que es empezar de cero sin una red de apoyo"
"Aun así, también he visto mucha fuerza y ganas de salir adelante."
“Hablar sin miedo”: cuando el aula se transforma
En esta sesión ha cobrado especial sentido uno de los roles de contribución que estamos trabajando: "hablar sin miedo". Hablar sin miedo no significa hablar sin rigor. Significa atreverse a preguntar, reconocer los malentendidos, confrontarlos y exponerse al otro.
El aula, en ese momento, dejó de ser un espacio de transmisión para convertirse en un espacio de diálogo genuino. Cuando participé, como parte del equipo organizador, en "Ciudades que aprenden" (Tec de Monterrey, Ciudad de México, 2016), el mentor de ese laboratorio ciudadano, Antonio Lafuente, nos decía que una organización solo empieza a funcionar cuando se atreve a hablar de sus problemas. Visibilizarlos no es suficiente, pero es imprescindible. Y ese camino es algo que hemos iniciado.
¿Se solucionó el conflicto o malentendido? No lo creo. Nada realmente profundo se soluciona en una sola conversación. Más bien es un proceso dinámico, en el cual una "organización que aprende" se ejercita en el entendimiento mutuo y empieza a construir vínculos y aprendizajes concretos.
Como uno de ustedes escribió:
“Ha sido de las clases que más sentido me han hecho para entender qué es realmente la educación.”
Y ahí, todo se junta: la teoría de la asignatura, los roles de contribución, y nuestros conversatorios con profesionales (y participantes) de la educación. Educar no es solo enseñar un programa o gestionar una intervención. Educar es, en muchos casos, sostener la posibilidad de un crecimiento conjunto.
Y para eso —como hemos aprendido— hace falta algo más que saber. Hace falta escuchar. Escuchar a quienes los medios de comunicación nos dicen que no tienen nada que decirnos. Y, también, hablar sin miedo.
He encontrado esta sesión como una lección valiosísima. Principalmente por todo el conocimiento aprendido del cual apenas tenia consciencia. Además se ha mostrado "la verdadera cara de esta situación " es decir, no se ha producido una idealización del trabajo de las pedagogas, ni de la situación de los ex tutelados. Se ha mostrado la realidad "sin filtros". Lo que nos ha hecho reflexionar, aprender, crecer y encontrar ejemplos de fortaleza, constancia y perseverancia como lo de los de los tres ex tutelados que nos han visitado al aula. Por otra parte, me ha hecho agradecer muchas cosas de mi vida que antes ya había dado por hecho, como por ejemplo el tener el apoyo emocional de mi familia. tan cerca. ¡Muchas gracias por traer a estos invitados a nuestra clase!
ResponderEliminarHola, Candela. Todos aprendemos mucho en estos encuentros. Para los jóvenes que nos visitaron debió ser valioso ser escuchados con interés y empatía por gente de su edad, universitarios, acostumbrados a lidiar con el rechazo familiar y social.
EliminarLo que señalas es clave. Esa sensación de “sin filtros” no es solo impacto emocional: es conocimiento situado. Es lo que en el Design Thinking llamamos "empatizar". Escuchar la experiencia sin maquillar. Ahí es donde empieza cualquier innovación educativa con sentido. Si no entendemos la realidad (sus tensiones, sus límites, sus contradicciones) diseñamos soluciones bonitas… pero vacías. Por eso esta sesión conecta tanto con el enfoque del curso: poner a las personas en el centro y dejar que su voz oriente lo que hacemos.
Y hay algo más en lo que dices que me gustó mucho. Ese “agradecer lo propio”. No como culpa. Sino como conciencia. Como punto de partida para la responsabilidad pedagógica. Porque educar, en el fondo, también es esto: ampliar la mirada. Salir de nuestra burbuja. Y, desde ahí, preguntarnos con honestidad: ¿qué puedo hacer yo, desde mi lugar, para que otros tengan más oportunidades, más red, más apoyo? Ahí empieza la pedagogía social. Y quizá también, una forma más profunda de aprender.
Me ha parecido realmente valiosa esta clase. Una de las principales cosas que oyes cuando te metes a una carrera, es que es todo teoría, y es una verdad. Sin embargo, con esta clase, hemos podido romper eso y conectar con una realidad. Que por muy dura que sea, nos rodea, y muchas veces ignoramos. Por tanto, poder conocer más a cerca de esto, me ha hecho ver, primero, que soy muy ignorante en muchos temas, y me anima a seguir formándome; y segundo, que siempre siempre tenemos que poner de nuestra parte para ayudar a los demás. Porque nunca sabemos por donde estamos pasando. Por otra parte, me parece muy valioso, que hayan venido a contar sus propias historias, porque es un gran acto de valentía. Muchas gracias por la clase!!
ResponderEliminarBea. Has sintetizado uno de los propósitos pedagógico de esta clase: pasar de “todo es teoría” a “esto es real”. Y ahí ocurre algo importante: la teoría deja de ser abstracta y empieza a tener cuerpo, rostro, historia. En el fondo, no es que la teoría no sirva… es que necesita encontrarse con la realidad para cobrar sentido. Justo eso buscamos en el curso: que las ideas dialoguen con la vida, que no se queden en el papel.
EliminarY tu segunda intuición es igual de potente. Reconocer la propia ignorancia no es un déficit, es el inicio del aprendizaje serio. Es lo que en organizaciones que aprenden (como plantea Peter Senge) se llama “tensión creativa”: darte cuenta de la distancia entre lo que sabes y lo que necesitas saber para actuar mejor. Desde ahí nace algo más profundo que la empatía: el compromiso. No solo entender, sino preguntarte qué lugar ocupas tú en esa realidad… y qué puedes hacer, aunque sea pequeño, pero concreto, real.
¡Muchas gracias por la clase que hemos tenido! Me ha gustado mucho poder escuchar a los invitados, ya que yo nunca había pensado acerca de los extutelados y cuando empecé el proyecto final de la asignatura, en la cual hablamos de los extutelados, me di cuenta de lo difícil que debe ser pasar por una situación así. Muchas veces no nos damos cuenta de que hay muchas personas que no tienen lo que nosotros creemos que es normal, como puede ser el tener a tu familia cerca, alguien que te apoye... Me parece que es un tema muy importante del que se debe hablar, ya que yo creo que es una realidad de la que poca gente habla o tiene conciencia, y poder escucharles en la clase ha sido muy valioso. Además, poder escuchar el testimonio de tres personas que realmente han pasado por ello es un privilegio, ya que no es lo mismo escuchar a solamente las trabajadoras, que escuchar también a tres personas que lo han vivido y que han podido contar su experiencia. Muchas gracias por la clase. He aprendido mucho.
ResponderEliminarJimena, lo interesante de tu comentario es el punto de partida: “nunca lo había pensado”. Ahí empieza muchas veces el aprendizaje más valioso. No en saber más, sino en darse cuenta. En ampliar el campo de lo visible. Porque una organización educativa (y esto lo estamos trabajando en el curso) también educa en lo que hace visible… y en lo que deja fuera.
EliminarY hay algo muy fino en lo que señalas sobre escuchar a las trabajadoras y a los propios jóvenes. Eso cambia completamente la comprensión del problema. En términos de empatizar (Design Thinking), no es lo mismo hablar sobre una realidad que escuchar a quienes la viven. Ahí aparece la complejidad, las contradicciones, la dignidad. Y también una pista clave para vuestro proyecto: cuando diseñéis soluciones, preguntaros siempre si están construidas con las personas o solo para ellas. Esa diferencia, pequeña en palabras, es enorme en el significado y en el impacto de la acción educativa.
Muchas gracias por la clase. He aprendido muchas cosas y me han impactado muchas más cosas. No sabía todas las cosas que han explicado los extutelados y las trabajdos, me ha parecido muy impactante, y que hay muchos jóvenes así y muchas veces no nos damos cuenta de lo que verdad sufren y el valor que tienen de vivir en España solos. Me parece que es una cosa que la gente debe de saber y conocer, porque no todo el mundo sabe la cantidad de jóvenes que estan en España en esta situación. También una cosa que he aprendido es a valorar las cosas, sobre todo con un testimonio que decía "yo quiero estudiar en la Universidad", esto me ha hecho darme cuenta de lo que tenemos que valorar nosotros pudiendo estudiar, porque luego nos quejamos de que las clases son aburridas o que las sillas no son cómodas, cuando estamos teniendo la oportunidad de estudiar algo que nos gusta y hay mucha gente que también les gustaría estudiar pero no pueden. Por último, una frase de otro testimonio que me llamó la atención fue: "no hay que mirar por nosotros mismos". En la sociedad que vivimos cada uno mira por si mismo y nadie se pone en el lugar del otro para ver como se siente o para ver que le ha dicho que le ha sentado mal. Por eso pienso que de vez en cuando debemos de mirar por los demás, y no por uno mismo.
ResponderEliminarDaniela, tu comentario toca algo muy profundo: el paso del impacto a la conciencia. Ese momento en el que algo te sacude… y ya no puedes mirar igual. Ahí empieza un aprendizaje que no es solo cognitivo, sino ético. Porque lo que nace es una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué hago yo con esto que ahora sé? En el curso insistimos en que las organizaciones educativas no solo transmiten conocimiento, también forman nuestra identidad.
EliminarY las dos ideas que rescatas (valorar la oportunidad de estudiar y “no mirar solo por uno mismo”) son más que reflexiones personales: son principios de acción. Si lo conectas con lo que estamos trabajando, eso es la base de una organización que aprende y que cuida: reconocer el privilegio, sí, pero también convertirlo en responsabilidad compartida. Porque la empatía no se queda en sentir… se traduce en compromiso, en hábito, en decisiones. Pequeñas, cotidianas. En cómo escuchas, cómo te posicionas, cómo incluyes a otros en lo que haces. Ahí es donde esto deja de ser una clase… y empieza a ser práctica educativa real.
Tal y como se describe, uno de los principales aprendizajes que me llevé de la clase es la empatía. Uno de ellos compartió su experiencia, declarando que cuando él se subía al autobús, las personas de su alrededor se sujetaba sus pertenencias. Cuando escuché esto me quedé perpleja, ya que estas conductas las observas a diario y sin querer o darte cuenta las interiorizas. Me impactó mucho como él explicaba que debido a su color de piel debía justificarse, es decir, el decía que solo quería trabajar, sin delinquir. Me llamó la atención como el recalcaba la falta de empatía de la sociedad. La verdad que este tema me tocó bastante. Comentándolo con mi familia, he caído en lo perjudicial que son los estereotipos. Creo que esta sesión nos ha servido a todos para reflexionar acerca de esto, de como podemos ponernos en los “zapatos del otro”.
ResponderEliminar¿Quién eres? :-)
EliminarLo que relatas del autobús es un ejemplo de lo que en educación y sociología se llama normalización de los estereotipos. No hace falta mala intención explícita. Basta con repetir gestos, miradas, distancias. Y eso es lo difícil: que muchas veces no somos conscientes. Por eso tu frase es clave: “las observas a diario y las interiorizas”. Ahí aparece el verdadero reto educativo. No solo aprender contenidos, sino desaprender ciertas formas de mirar.
Y hay algo muy valioso en que lo hayas llevado a casa, a la conversación con tu familia. Ahí el aprendizaje se expande. Sale del aula. Se vuelve social. Porque ponerse en los “zapatos del otro” no consiste solo en sentir, como decía en el comentario anterior. Implica empezar a actuar distinto en lo cotidiano. Ahí es donde empieza el cambio real.
Soy Jimena López Bravo, y coincido contigo en el significado de ponerse en los zapatos del otro
EliminarLa verdad es que la clase del otro día me dejó pensando bastante. No fue una clase normal de teoría, fue de las que se viven de verdad.
ResponderEliminarMe impactó mucho escuchar directamente a los tres jóvenes contando sus experiencias. Sobre todo cuando hablaban de lo difícil que es empezar solos, sin familia cerca y sin esa red de apoyo que la mayoría tenemos sin darnos cuenta. Me llamó mucho la atención cómo contaban que la gente a veces los mira con desconfianza solo por su aspecto o su origen, y que ellos solo quieren estudiar, trabajar y salir adelante. También me gustó ver el tipo de acompañamiento que hacen las educadoras. No se trata solo de ayudar con trámites, sino de estar ahí de verdad, creando confianza y apoyando en el día a día.
Salí de la clase con una sensación extraña: por un lado, más consciente de las cosas que tengo y que a veces doy por hecho, y por otro, con ganas de no ser tan ignorante sobre estas realidades. Creo que estas sesiones te hacen replantearte muchas ideas que antes dabas por sentadas.
Muchas gracias por traer a los invitados al aula.
Me encanta, Laura, tu concepto de "estar ahí". En su Grado, y en su vida profesional, van a estudiar y escribir mucho sobre "competencias" y habilidades profesionales. Pero otras capacidades que no suelen tener nombre y son centrales en la labor de un educador. "Estar ahí", generar esa "presencia", acompañar, crear un vínculo... eso es a veces más importante que la calidad técnica o eficacia de tu trabajo en relación a cierto objetivo del programa educativo.
EliminarEn una de mis investigaciones, de hecho, sobre la labor de los tutores en la educación en línea, lo que encontré fue eso: lo que más apreciaban los estudiantes (en ese caso, profesores en formación, que tomaban ese curso en línea) era la "presencia" del tutor, que no solo consiste en "estar", sino, como tú dices, en "estar ahí", ahí donde el otro necesita que estés, y con la disposición de escucharle, de ayudarle, de transmitirle que significa algo para nosotros, que no existe en el vacío. Muy bien captado ;-)